Inconsciente realidad

Inconsciente realidad
Muchas veces queremos saber lo que nos deparará el futuro, pero esta vez es preferible no saberlo.

martes, 17 de enero de 2012

Segundo cap: Los desconocidos.



                                                                  2

                 "Hay algo que da esplendor a cuanto existe, y es la ilusión
                         de encontrar algo a la vuelta de la esquina.”
                                                                       Gilbert Keith Chesterton.




Jenova. Una ciudad tranquila, pacífica y aislada del mundo, con un reducido número de habitantes que raras veces viajan a otras sitios para comerciar o sustentarse, ya que tienen lo indispensable para vivir cómodamente.
La ubicación de Jenova se encuentra en medio de un frondoso bosque con un río de aguas
cristalinas atravesando toda la cuidad, desde las preciosas montañas del norte hasta el famoso y más peligroso lugar, el acantilado.
Los habitantes al igual que el sitio donde se encuentran son tranquilos y amables. Los disturbios en Jenova son prácticamente nulas, haciendo de la ciudad un lugar rebosante de paz y calma y, quizás fuera por ello que la exiliada eligiera este lugar para descansar y recuperarse tranquilamente sin que ninguno de sus enemigos jurados pudiera encontrarla. 
Y pensar que había llegado a esta minúscula y aburrida ciudad solo por curiosidad, ¿quién iba a decirle que tendría tanta suerte y encontraría el rastro perdido de "ella"? Pensó el chico misterioso mientras miraba distraído por una de las grandes ventanas de su recién adquirida casa. Su nuevo hogar provisional era espaciosa y agradable, pero incomparable con el que tenía en su ciudad natal. Ésta era una casa estilo rural de tres plantas; la planta inferior estaba formada por: cocina, baño, salón principal y biblioteca; la planta intermedia estaba compuesta prácticamente por habitaciones y un baño grande; toda la planta superior era una sola habitación de grandes ventanales con maravillosas vistas del paisaje de Jenova y es donde se encontraba él observando con expresión aburrida y pensativa a los estudiantes dirigirse hacia el único y especial instituto de la cuidad.
Unos suaves golpes hizo que el chico misterioso se diera la vuelta de forma brusca, pero al darse cuenta de quien era se tranquiliz'o. Apoyado en el marco de la puerta de forma perezosa se encontraba su mejor amigo y ayudante, Pan Obucni. 
Cualquiera que viera a Pan pensaría que solo era un chico normal y corriente de vente y pocos años con unos vaqueros desgastados, las letras "bésame" a los grande estampado en su camiseta ajustada y botas de motero con hebillas en forma de calaveras, rostro perfecto de pómulos altos, ojos de un azul electrizante, alto y de constitución atlética, pero cuando quiere puede ser letal. 
Así como cualquiera de su familia. 
  -¿Buscando a tu próxima victima?- La pregunta de su amigo estaba llena de burla y diversión, algo muy normal en 'el, sabiendo como es su cara, pero a él no le hizo ninguna gracia.
Esta vez no.
Sin volverse a mirar a Pan, le preguntó:
 -¿Sabes que se encuentra "ella" aquí?-
 -Ella...¿a quién te refieres?-
El chico desconocido dejó de mirar por la ventana y miró a su amigo con los ojos entrecerrados.
 -¿Acaso has olvidado el motivo de nuestra salida?- En la voz del chico misterioso había un matiz de amenaza y peligro. Sus rasgos se habían endurecido y su mirada no auguraba nada bueno. 
"Algo capaz de perturbarlo tanto solo podía ser por esa causa." Pensó Pan mientras miraba atentamente a su mejor y único amigo. Manteniendo un rostro impasible y voz tranquila, contestó:
 -Es imposible olvidar algo como éso. ¿Estás seguro de que se encuentra aquí?- Hizo una pausa y al ver el gesto de asentimiento de su amigo siguió. -Es extraño que ella haya elegido esta ciudad tan..."tranquila".-
 -Olvidas que está herida, es normal que haya buscado un lugar tranquilo para recuperarse.-
 -Ya, bueno, lo que no entiendo es ¿cómo has sabido que está aquí si ni siquiera sabes nada de ella aparte de que es...- Pan no pudo terminar la frase al ver la mirada que le dirigió su amigo. Ese tipo de mirada que decía claramente "acaba la frase y eres hombre muerto". Carraspeó y preguntó:
 -¿Dónde se encuentra ahora?-
No contestó en seguida. Miró a su amigo durante lo que le pareció a Pan una eternidad antes de volverse otra vez hacia la ventana y suspirar pesadamente.
 -Ojalá lo supiera. Solo puedo sentir que está en esta ciudad, pero no sé exactamente donde.- Cerró el puño con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos. -Me da tanta rabia pensar que la tenemos tan cerca pero a la vez tan lejos.-
 -No te preocupes mucho tampoco, si hemos podido esperar todos estos años para encontrarla no creo que te importe tanto esperar unos días más.-
La palabras de su amigo no sonaban para nada convincentes. Él mas que nadie sabía lo difícil que era encontrarla. En estos años que llevaba desaparecida lo buscó sin descanso día tras día, ciudad tras ciudad y al final vinimos aquí solo para encontrarnos con el problema de que ni siquiera sabía cómo era "ella". La única vez que la vio no ayudaba mucho. Aquella vez estaba todo demasiado oscuro. La oscuridad era tal que hasta él sintió inquietud en su corazón, aparte de un sentimiento nunca experimentado...Miedo.
Apretó los dientes con tanta fuerza que hasta le dolió la mandíbula.
 -¿Qué piensas hacer? Porque no creo que vayas a estar en esta casa hasta que "ella" se presente ante ti.- 
La pregunta de Pan lo sacó de sus turbulentos pensamientos, pero solo para ser sustituidos por otros más frustrantes.
 -La verdad es que aún no lo he decidido, pero lo mejor es dar una vuelta por la zona y a ver si tenemos por una vez un poco de suerte y...- Las palabras que iba a decir se perdieron en el aire.
A lo lejos, una chica llamó su atención.
Ella estaba andando tranquilamente con un chico a su lado e iban hacia la escuela. La chica era esbelta, no muy alta, con una melena color azabache hasta la cintura, su figura era impresionante -eso no cabía duda- pero nada de todo eso le resultaba de interés alguno porque lo único en lo que podía pensar era "la conozco, no se cómo pero la conozco". Aparte de aquel extraño pensamiento era la sensación que le produjo en el alma al verla, aunque solo pudiese ver su espalda.
De repente la chica detuvo sus pasos y se dio la vuelta, mirando directamente hacia donde se encontraba él. Instintivamente se ocultó en las sombras de la habitación, dando las gracias porque Pan no fuera de los que les gustase encender la luz una vez entraba. 
El corazón le martilleaba.
 -¿Qué pasa?- La pregunta de Pan lo sacó de su repentino shock.
Cuando los signos de la sorpresa mitigaron se dio cuenta de lo estúpido de sus actos. Era imposible que la chica de antes hubiera sabido que la estaban observando ni tampoco que ese alguien estuviera a cien metros de donde se encontraba ella y en la tercera planta de una casa como cualquiera. 
Era coincidencia. Solo podía ser coincidencia, no existía otra manera de describirlo, pero ¿por qué no estaba para nada convencido?



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