“La
esperanza y el temor son inseparables y
no
hay temor sin esperanza, ni esperanza sin temor.”
François de la
Rochefoucaul.
La
habitación estaba siniestramente oscura cuando, tumbada en el centro
de esta, Nina abrió los
ojos
de par en par. Miró a un lado y a otro, intentando ver algo que la
orientara del desconocido
No
había nada, nada que pudiera ver. La densa oscuridad lo hacía
imposible.
Dios,
¿dónde demonios estaba? No lo sabía, estaba tan oscuro que no
podía ver nada más aparte de
grotescas
manchas borrosas por todas partes: el suelo, las paredes, el techo...
No
sabía dónde ni el por qué estaba allí, pero había una cosa que
sí estaba segura: el lugar olía
Aturdida
y totalmente desconcertada se incorporó tambaleante hasta ponerse en
pie. Tiritó
levemente
y se encogió, abrazándose los codos; una punzada de frío la
recorrió todo el cuerpo,
calándole
hasta en los huesos, cuando las palmas de las manos tocaron sus
desnudos brazos. Las
tenía
completamente congeladas y humedecidas de...¿agua?, pensó ella en
un principio, pero era
imposible
que el agua en sí estuviese tan densa y, más extraño aún, eran
pegajosas como si fuese
saliva
demoníaca, aunque, sinceramente, preferiría que no lo fuera.
Sin
pensárselo dos veces se acercó las manos a los ojos, intentando
descifrar qué demonios tenía en
ellas,
pero en seguida se arrepintió de haberlo hecho. Sintió unas
horrorosas ganas de vomitar allí
mismo,
en ese preciso instante. Tuvo que morderse el labio para no echar la
pota. La boca le sabía
a sangre
y sufrió otro ataque de náuseas.
Empezó
a dar arcadas violentamente y su cuerpo se sacudió una y otra vez
hasta que no pudo
mantenerse
en pie y cayó de rodillas en el mugriento suelo.
Se
encogió hasta quedar hecha un ovillo.
Le
ardían las mejillas, le dolía el corazón y tenía los pelos del
flequillo pegados en el rostro por el
sudor,
aunque ni hizo ademán de apartárselos de la cara, porque lo único
que conseguiría sería
empeorar
más su desastrosa situación, si es que era posible.
El
pecho se convulsionaba agresivamente, tanto que le empezaba a doler
todos los huesos del
cuerpo,
hasta que al final tosió y vomitó bocanadas de agua agria.
Todavía
sentía la bilis en la boca y en los labios cuando se incorporó,
vacilante y tambaleante.
Tenía
todos los músculos del cuerpo tensos y temblorosos aunque también
le escocían los ojos de
haber
llorado, cosa que no se había dado cuenta hasta ahora.
Inspiró
profundamente para tranquilizarse un poco, pero se atragantó al
hacerlo; un terrible olor
pestilente
atravesó su garganta, revolviéndole el estómago. La sensación de
vómito regresó, pero la
reprimió
y de una sacudida se despojó de todos esos inútiles pensamientos.
En esos momentos todo
lo
que necesitaba pensar era en cómo salir de aquel extravagante y
tenebroso “lugar”, aunque
dudaba
que algún sitio tuviera aquel aspecto tan...
Entrecerrando
los ojos y por vez primera observó la habitación: tenía cuatro
paredes -por lo menos
había
algo que se asemejaba a la realidad, porque era imposible que aquella
especie de “habitación”
existiera
o, ¿se equivocaba?- y situada en una de ellas había una puerta que
en sí, parecía normal y
corriente,
si es que había algo de normal allí; el techo no era alto, en el
centro de ésta colgaba una
lámpara
con forma de araña; el suelo estaba mugriento y encharcado de algo
que Nina no pudo
identificar,
pero estaba totalmente convencida de que agua no era y tampoco se
encontraba por la
labor
de querer averiguarlo.
Miró
la puerta que tenía en frente, a unos cuatro metros de distancia, lo
consideró por unos instantes
y
vaciló; por alguna extraña razón tenía un mal presentimiento.
Dudaba si detrás de esa puerta fuese
mejor
que esta habitación, pero no tenía muchas opciones considerables en
aquellos momentos.
Se
le estaba nublando la vista y sentía que sus piernas cedían poco a
poco.
Estaba
perdiendo la batalla.
No
disponía de mucho tiempo, la pestilencia era abrumadora y no se
creía capaz de aguantar ni un
segundo
más allí dentro. Era necesario tomar una decisión ahora mismo y
eligió seguir adelante.
Ojala
hubiera acertado, porque sino...
La
muerta vendría a visitarla.
Tenía
las manos en puños, las uñas se le clavaban en las palmas y le
escocía allí donde brotaba la
sangre,
pero no le importó en absoluto.
Puso
todos sus sentidos en la puerta que tenía en frente y, con el
corazón en un puño se adelantó
¿Se
acercaba hacia la salvación o hacia otro peligro desconocido?,
pensaba mientras sus piernas
temblaban
como la gelatina recién hecha.
Casi
había llegado, hasta podía verse el pomo de la puerta a esa
distancia, cuando oyó un sonido
que
provenía del otro extremo de la habitación y se quedó totalmente
paralizada.
Tenía
la mandíbula tensa; el corazón latiendo fuertemente; notaba el
pulso acelerado en las manos y
sentía
escalofríos recorriendo por todo su cuerpo, estremeciéndola.
Quizás
fuese un pensamiento demencial el querer darse la vuelta y mirar lo
que tenía a su espalda;
seguramente
lo mejor y lo más prudente sería agarrar el pomo, abrir la puerta y
salir huyendo de
aquella
habitación fantasmagórica. Pero por muy extraño que parezca ella
no quería irse de allí, no
sin
antes averiguar lo que se escondía entre las sombras. Era demasiado
curiosa como para irse
La
curiosidad mató al gato, le advirtió su conciencia, pero desecho
esos pensamientos antes de que
se
acobardara lo suficiente para huir.
Lentamente
y vacilando empezó a agacharse, pensando que quizás así estaría
más segura. Se quedó
echa
un ovillo cerca del suelo y, con cierta lentitud, se dio la vuelta.
Miró de un lado a otro y
maldijo
por lo bajo, sabedora de que no debía hacer ruido, aunque lo que más
deseaba en estos
momentos
era gritar como una loca.
Estaba
increíblemente irritada con aquella densa oscuridad, no conseguía
ver nada de nada y
tampoco
le hacía gracia el tener que arrastrarse hasta el interruptor de la
lámpara, ya que estaba lo
suficientemente
lejos como para no considerarlo una opción. Como de costumbre los
interruptores
de
luz deberían estar situados cerca de la puerta, pero éste de aquí
se encontraba,
desgraciadamente,
en el extremo opuesto de la puerta.
Meditó
las posibilidades de llegar allí sin ser vista y, sinceramente, las
posibilidades eran casi nulas.
Además
estaba el problema de la cobardía, era demasiado cobarde como para
ir, aunque fuera
arrastras,
hacia el dichoso interruptor, aunque tenía el suficiente valor para
quedarse allí. Lo suyo
Al
final y la única opción que la quedaba, si es que quería seguir
investigando, era gatear hacia
delante,
acercarse un poco más hacia su objetivo.
Sólo
se había movido unos centímetros cuando un leve tintineo la
despertó de su excesiva
concentración,
causándole un infarto a su tierno corazón.
Tanteó
con los dedos en el mugriento suelo, buscando la cosa u objeto,
causante de su desconcierto.
No
era mas que unas llaves que había guardado en los pantalones
deportivos que llevaba.
Silenciosamente,
recogió las llaves y se dio cuenta de algo extremadamente
importante; ¡tenía una
pequeña
linterna que llevaba como llavero! Se preguntó cómo era posible que
no se hubiera dado
cuenta
desde un principio. Quizás el hedor a muerte la estaba dejando
atontada.
Agarró
la diminuta linterna con manos temblorosas, no muy decidida a querer
usarlo realmente.
¿Qué
pasaría si viera lo que no deseaba ver? Aquella terrible pregunta
inundó todos los demás
El
sitio apestaba a muerte y eso, indudablemente era por alguna
desconocida razón, porque una
habitación
no olía a hedor de muerte así por así, entonces, ¿qué es lo que
realmente había allí?
Preguntas
y más preguntas se hacía Nina, pero no se iba a echar atrás, no
después de haber llegado
Se
mordió el labio para calmarse un poco y encendió la pequeña
linterna, iluminando una reducida
parte
del lugar. El insignificante, pero cálido resplandor era suficiente
para devolver a Nina una
nueva
oleada de confianza y fuerzas para seguir adelante.
No
quiso mirarse a sí misma porque al mismo instante que encendió la
linterna, se le acababa
también
el tiempo de permanecer allí. Aquel mínimo resplandor era
suficiente para llamar la
atención
de quien quiera que fuese que estuviera allí escondido, acechándola
entre las sombras.
Cogió
la diminuta linterna con cierta firmeza y lo movió de un lado a
otro, iluminado por partes la
No
vio nada interesante o algo diferente, aparte de las oscuras manchas
que había por todas las
paredes
y techo. Continuaba siendo un misterio aquellas manchas extravagantes
¿Qué
demonios era todo aquello?, pensó ella.
Ella
siguió examinando la habitación durante unos minutos, moviendo la
linterna de un lado a otro,
Totalmente
defraudada se dio la vuelta para irse por la puerta, creyendo que el
sonido era fruto de
La
mano de Nina ya había agarrado el pomo de la puerta y se disponía a
girarlo cuando, otra vez,
oyó
ese extraño sonido. Ésta vez no se molestó en pasar desapercibida,
directamente y sin
vacilación
sujetó la pequeña linterna con manos firmes y se dio la vuelta.
Gritó,
chilló y se tropezó con sus propias piernas mientras intentaba
retroceder. Cayó tambaleante
hacia
atrás, se golpeó con la puerta fuertemente la espalda; el impacto
la dejó con la cabeza
dándole
vueltas y se aferró al pomo de la puerta para mantenerse en pie.
No
podía creerse lo que veía en aquellos instantes: un monstruo baboso
medio corpóreo de
unas
dimensiones impresionantes; mediría unos diez metros de longitud y
quizás de anchura cinco
metros
de diámetro; era uniforme desde la cabeza hasta la cola con formas
de garras huesudas; su
cuerpo
era como el tornillo, lleno de anillos gigantes; no poseía
extremidades, pero en su lugar
había
doble hileras de dientes largos, fuertes y afilados y la cabeza de la
bestia se retorcía en el
suelo,
como si quisiera cavar un agujero en él.
Nina
se tapó la boca con la mano libre, ya no le importaba la suciedad
que tenia en ellas.
No
se podía mover, estaba totalmente inmovilizada por el miedo. La luz
de la linterna parpadeó, se
le
estaba acabando la batería. Maldijo por lo bajinis. Ahora sí que no
tenia tiempo para quedarse
allí
temblando de miedo, tenia que salir inmediatamente.
Sostuvo
el pomo fuertemente, sólo necesitaba girar un poco la muñeca y ya
podría huir, pero no
supo
por qué no conseguía girarlo. Lo intentó desesperada una y otra
vez y al final descubrió que
la
puerta estaba firmemente cerrada.
No,
no, no...¿cómo puede ser que esté cerrada ahora que lo necesitaba
abierto? Maldita sea.
Totalmente
abatida soltó el pomo y se dejó caer en el mugriento suelo,
apoyándose en la
No
supo cuánto tiempo llevaba allí sentada, quizás unos cuantos
minutos, pero a ella le pareció una
eternidad.
Estaba agotada, le costaba respirar, ya no tenia fuerzas para
mantenerse despierta, la
agonía
le podía y se cayó al suelo.
Notaba
una leve sensación de humedad en su piel, pero no importaba, se
estaba muriendo.
A
punto de cerrar los ojos cuando la puerta se abrió de par en par,
dejando entrar una ráfaga de
viento
cálido y a la vez fresco.
Nina
intentó ponerse en pie desesperadamente y salir ahora que podía,
pero por mucho que lo
intentase
no lo conseguía, sus piernas no le obedecían
Pudo
ver que había luz entrando por la puerta abierta y al segundo
siguiente se volvió oscuro de
nuevo.
Pensó que la dichosa puerta se había cerrado y ya empezaba a
enojarse. El destino la está
tomando
el pelo, primero da esperanzas y luego se las arrebata de nuevo. Eso
pensaba en un
principio,
cuando observó de nuevo por el rabillo del ojo y vio a una persona,
o parecido a éso, de
Desde
aquel ángulo de visión ella dedujo que era un hombre fornido, de
anchos hombros, pero
tampoco
podía asegurarlo; tenia la vista nublada y sólo podía ver la
silueta de aquel tipo. Pudo
observar
también que en la mano derecha sujetaba algo largo y terminado en
punta.
El
hombre alzó el objeto y Nina quiso chillar, pero tenia la garganta
seca y no pudo hacerlo, al ver
lo
que era en realidad: una espada . ¿ Acaso aquel desconocido hombre
quería terminar con su
vida?,
pensó ella horrorizada y cerró los ojos con fuerza cuando el
misterioso hombre acercó el
No
sintió nada, ningún dolor, creía que ya estaba muerta y por ello
no sentía el acero en su carne,
pero
de improvisto un grito desgarrador le perforó los tímpanos, De
inmediato se tapó los
oídos,
era verdaderamente insoportable aquel chillido, como si alguien
estuviese destripando vivo a
Ella
abrió los ojos al cabo de unos segundo y miró a su alrededor. El
misterioso hombre ya no se
encontraba
de pie a su lado, si no que le vio al lado de aquel monstruo parecido
a la lombriz.
A
Nina le costaba ver lo que ocurría delante, pero hizo un último
esfuerzo entrecerrando los ojos.
Se
frotó los ojos para ver que era real de verdad. La enorme lombriz no
se movía; tenia un chorro
de
sangre negra en el suelo y clavada en donde debería ser el corazón
del monstruo estaba la
espada
de plata; tenia parte del tronco desgarrado y trozos de carne
intestinal caían al suelo en esos
momentos;
en ese mismo instante el rostro de la lombriz, o la cabeza, estaba
vuelto hacia ella y,
desgraciadamente,
pudo ver sus afilados dientes con indicios de sangre en ellos,
formaban la boca
de
la bestia; un poco más arriba de la boca había dos huecos vacíos
donde una vez en el pasado
hubieran
estado los ojos.
Ella
no quería seguir mirando, pero algo más de éso atrajo su atención.
Algo
estaba tirado debajo de la lombriz, algo curioso, raro, inerte.
Observó más detenidamente y
vio
algo que hubiera sido mejor no haber mirado: brazos destrozados y
ensangrentados, una cabeza
descompuesta,
parte de las tripas habían desaparecido y las piernas no estaban
enteras.
Ahora
comprendió por qué antes la lombriz estaba tan ocupada en el suelo.
No estaba cavando, sino
Náuseas,
arcadas y ganas de vomitar visitaron a Nina de nuevo, pero ni
siquiera para éso tenia
fuerzas,
estaba realmente cansada.
El
misterioso hombre extrajo su arma del cuerpo del monstruo y se acercó
a grandes zancadas hacia
Sus
párpados se cerraban poco a poco mientras su enemigo se acercaba
con rapidez hacia ella.
El
hombre estaba a su lado, se arrodilló y pudo ver que era un chico
joven y muy apuesto.
Los
ojos del desconocido eran de un curioso azul electrizante, pero no es
el color de sus ojos lo que
confunde
a Nina, sino su mirada de terror.
Después
no pudo ver nada más. Sus ojos estaban completamente cerrados, pero
siguió notando
algo.
Unas manos fuertes y poderosas levantándola, lenta y delicadamente,
en volandas. El ligero
cosquilleo
del aliento del chico en su mejilla. Unos labios suaves como el
terciopelo acariciando
su
oreja. Unas palabras susurradas que no pudo entender.
Nina
abrió la boca para preguntarle qué había dicho, pero de su boca no
salió ningún sonido. Tenía
la
garganta seca y áspera. Probó a abrir de nuevo los párpados, pero
le pesaban demasiado.
De
repente una luz cegadora inundó sus ojos cerrados. Poco a poco fue
abriéndolos, pero no pudo
ver
nada a causa de la fuerte luminosidad. Levantó un brazo para
cubrirse la cara por acto reflejo
cuando
se dio cuenta de dos cosas: uno; podía moverse, dos; los fuertes
brazos del desconocido son
reemplazados
por una blanda y confortable cama.
-¿No
piensas ir a clases hoy?- Pregunta una voz masculina grave y ronca
con un deje de
curiosidad
que le resultaba sumamente familiar.
Nina
se apoya sobre los codos, incorporándose un poco. Observa a su
alrededor buscando al dueño
de
la voz y lo encuentra apoyado cerca de la ventana con las cortinas
corridas, donde entraba a
raudales
el sol matutino. Vestido con unos vaqueros desgastados, una camiseta
negra ajustada y un
par
de botas negras de motorista Erik Nightfall podría considerarse un
chico muy, pero que muy
apuesto,
capaz de hacer babear a cualquier chica con solo mirar su penetrante
mirada plateada. Alto,
delgado
y musculoso era el vivo retrato de la perfección masculina. Pómulos
altos, nariz aguileña,
hermosos
ojos grises perfilados por unas largas y densas pestañas oscuras
como el color de su
pelo
que cae en suaves ondas alrededor de su atractivo rostro.
Tan
embelesada que estaba ni siquiera se dio cuenta de que tenía la boca
abierta hasta que notó la
boca
seca, cerrándola de golpe se esforzó en recordar la pregunta de
Erik, pero estaba aún
adormilada
y confusa por la pesadilla que tuvo...
Un
momento...¿era una pesadilla? No lo sabía. Era tan vívido
y...aterrador que creyó ser real. Una
oleada
de preguntas vinieron a su mente en ese momento: ¿por qué soñé
eso? ¿quién era ese chico?
¿dónde
estaba ese lugar?...
Tantas
preguntas y no encontraba respuesta para ninguna de ellas.
Esos
sueños no eran los que solía soñar, será que le sentó mal la
cena de ayer o quizás es que haya
visto
demasiadas películas de terror, pero si fuera así ¿por qué
todavía notaba el regusto de la sangre
en
la boca? Sumergida en sus pensamientos no se dio cuenta de que Erik
la estaba llamando y la
-Nina,
¿te encuentras bien?- Sin esperar respuesta puso una mano en su
frente. -No tienes fiebre,
pero
estas pálida como un fantasma.-
La
voz preocupada de Erik hizo que Nina levantara la vista para
encontrarse con dos pozos
turbulentos
de mercurio observándola con el ceño fruncido. Incómoda ante su
intensa mirada se
aparta
de él, quitando las sábanas de en medio e incorporándose.
-Estoy
bien.- Hizo una pausa para ir al armario. -Ve yendo al instituto,
enseguida te alcanzo.-
Sabía
que la estaba observando aunque no pudiera verle. Sintió un
escalofrío recorrerle la espalda y
reprimió
el impulso de darse la vuelta porque si lo hacía no se creía capaz
de mostrar una expresión
No
cuando tenía en mente el vívido recuerdo de la pesadilla.
Para
alivio de Nina, Erik se levantó de la cama lanzando un profundo
suspiro y se fue de la
habitación
cerrando la puerta tras de si.
¿Qué
era ese sueño? ¿Significaba algo o solo era una coincidencias?
Muchas preguntas pasaron
por
su mente en ese momento, pero no tenía respuestas para ninguna de
ellas. Aún. Aquella
afirmación
sorprendió a Nina quizás porque no creía en las coincidencias.